Obsesión por el gramo
Pesamos cada componente al décimo. Si no aporta velocidad, no sube a la bici. Punto.
La marca
VÉLITE no empezó en una sala de juntas. Empezó en un taller de Querétaro, con tres obsesivos del cronómetro y una pregunta incómoda: ¿por qué la velocidad de verdad siempre venía de fuera?
En 2014, en una bodega del Parque Industrial Bernardo Quintana en Querétaro, tres ciclistas se hartaron de lo mismo: para correr rápido había que importar todo, pagar tres veces y rezar para que la talla fuera la correcta. México llenaba pelotones de talento, pero no fabricaba una sola máquina digna de él.
Mariana Esquivel, ingeniera aeroespacial y excorredora de pista; Diego Carranza, mecánico de equipo continental; y Aldo Rentería, diseñador industrial obsesionado con el carbono, montaron una báscula de precisión en una mesa de trabajo y se hicieron una promesa: ningún gramo se queda si no aporta velocidad.
El primer cuadro fue un desastre glorioso. El segundo se rompió en el banco de fatiga. El séptimo cruzó una contrarreloj estatal en manos prestadas y ganó. Ahí dejó de ser un proyecto y se volvió VÉLITE.
Cada hito se ganó en el viento, en la báscula o en la línea de meta. Nunca en un folleto.
Mariana, Diego y Aldo fundan VÉLITE en una bodega industrial. Primer objetivo: un cuadro de carbono diseñado y validado en México, sin atajos.
Tras decenas de prototipos rotos en el banco de fatiga, el modelo que daría origen a la plataforma Strada supera el estándar EN. Nace la obsesión por probar antes de vender.
Alianza con un laboratorio aeronáutico para barrer perfiles a 50 km/h. Llegan los tubos Kammtail truncados y el primer aero road de la casa, la Aeris.
VÉLITE patrocina a un equipo profesional mexicano. La regla interna: cada plataforma corre una temporada completa antes de salir a la venta.
Migramos a fibra T1100 con nano-resina: +18% de rigidez por gramo. Abren los primeros centros de rendimiento con bike fitting en CDMX y Guadalajara.
La Fuga se convierte en nuestro cuadro más ligero, desafiando el límite reglamentario. Debuta la Crono de contrarreloj, íntegra de túnel de viento.
Siete plataformas en línea, cuatro centros de rendimiento en México y un pelotón que ya no tiene que mirar al extranjero para volar. Apenas empezamos.
No fabricamos bicicletas bonitas. Fabricamos ventajas.
— Manifiesto VÉLITE
Cuatro principios que escribimos en el taller en 2014 y que siguen colgados en cada centro de rendimiento.
Pesamos cada componente al décimo. Si no aporta velocidad, no sube a la bici. Punto.
Túnel de viento, banco de fatiga y pelotón real. Solo lo que gana en la pista llega a la tienda.
Garantía de cuadro de por vida. La velocidad es para siempre, no para una temporada.
Diseñado, calculado y afinado en México, para el terreno y el calor reales de quienes ruedan aquí.
Ingeniería, mecánica y diseño. Tres formas de mirar la misma báscula.
Trajo el túnel de viento a la mesa de diseño. Su regla: el número que publicamos es el que sientes en la rueda.
Veinte años montando bicis de carrera. Si una pieza falla a 60 km/h, él ya la rompió antes en el banco.
Obsesionado con el laminado. Cree que una bici rápida también debe verse rápida quieta en el pit-lane.
Conoce a las personas que corren con nuestros colores y la tecnología que hace volar cada plataforma.